¿Casualidad, coincidencia o sincronicidad?

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Seguramente te ha sucedido que un día recuerdas a una persona que no has visto en mucho tiempo y al día siguiente la encuentras en el lugar menos esperado; o de pronto te interesas por algún tema o asunto y sin buscarlo, la información llega a tus manos. Este tipo de acontecimientos los conocemos como casualidades o coincidencias, sin embargo, la ciencia ha descartado estas posibilidades y en su lugar les ha dado una nueva definición: sincronicidad.

Uno de los mayores misterios para los seres humanos es la interacción que tienen las personas con el tiempo y el espacio. Es por ello que decenas de científicos se han interesado en el tema y han buscado explicaciones naturales. Tal fue el caso del psicólogo Carl Jung, uno de los pensadores más importantes de las últimas décadas, quien se adentró en la subjetividad de la mente humana y se apasionó por los asuntos sobrenaturales, a fin de encontrarles una explicación a partir de la psicología y las emociones.

Carl Jung definió la sincronicidad como “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero no de manera casual”. Esto es la coincidencia temporal de dos o más eventos, que guardan relación entre sí, pero que no son uno causa del otro, sino que su relación es de contenido. Algo más o menos como el “azar objetivo“, del poeta surrealista André Bretón, quién definió su ideología a partir de la fusión inesperada o azarosa “entre lo que una persona desea y lo que el mundo le ofrece“. El azar objetivo es uno de los conceptos fundamentales del surrealismo: coincidencias o casualidades cuya carga emocional las dota de significado.

De acuerdo con Jung, estas coincidencias podrían presentarse a raíz de una atracción no consciente que genera la ocurrencia de ciertos eventos, y por ello les concede un valor simbólico, aunque solamos creer que las causas provienen de circunstancias metafísicas, como la suerte o la magia.

Es evidente que esta teoría no es bien aceptada por el materialismo o el racionalismo más radical, sin embargo, proviene de las profundidades del psicoanálisis. Es por ello que, según Jung, los períodos de transición o transformación de los seres humanos como la muerte de seres queridos, cambios de trabajo y divorcios, son más propensos a que ocurran sincronicidades, ya que la reestructuración interna del individuo causada por los cambios y las crisis genera una energía de búsqueda de sentido, el cual nos obliga a encontrar patrones en las circunstancias externas.

Todo esto tiene una estrecha relación con el pensamiento mágico y otros procesos no conscientes de la mente, cuyo estudio y planteamiento han sido ejes de la psicología jungiana, cuyas teorías les traeremos más adelante en Óquela.

jungillustration7

 

Fuentes:

Fundación UNAM

Hipertextual

 

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